domingo, 24 de noviembre de 2013

Un domingo compartido, no es tan domingo.

para ir al cine, para no salir de la cama, para ver telefilms de antena 3, para no hablar mucho, para dormir la siesta, para pensar, para no pensar, para odiarlo, para amarlo, para no hacer absolutamente nada. Los domingos, domingos son y hay que respetarlos, independientemente de sus seguidores y sus detractores. Pero, creo firmemente, que lo domingos, puesto que domingos son, y yo los respeto, no están hechos para pasarlos solos. Un domingo compartido, no es tan domingo, despertar un domingo cuando te han molestado en la cama un sábado, es perfecto, las películas de antena 3 parecen tener sentido si las ves con alguien, ni siquiera notas que las palomitas no tienen sal, y la siesta, compartiendo sofá, es irresistible.

Últimamente, mis domingos son reflexivos, todos ellos, y, puesto que me encanta reflexionar, darle mil vueltas a la cabeza, complicarlo todo y ponerlo todo boca abajo, sigo adorando los giros del destino, los cambios inesperados y las sorpresas, soy fan de las sorpresas que me sorprenden, soy fan de quien se molesta en sorprenderme y soy fan de quien me sorprende sin querer hacerlo.

Soy fan de quererlo todo, y quererlo ya, de querer tenerte, y cansarme mañana, de no tenerte y no cansarme nunca, soy fan de que los domingos me trastoquen, de trasnochar los sábados y de levantarme sin despertador, de despertarme con música, desorientado, con la cara pegada a la almohada y de saltarme el desayuno. Me declaro fan absoluto de los domingos, y de todas sus repercusiones.




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