Nunca dejemos de hacer algo que queremos hacer porque no sea lo correcto, por que no esté bien visto o porque tengamos miedo de sus consecuencias, nunca dejemos que nada nos influya determinantemente a la hora de tomar nuestras decisiones, porque son nuestras, y tenemos el derecho divino de equivocarnos, de caernos, retorcernos en la mierda y levantarnos, sacudirnos y seguir adelante, así que, nunca digamos nunca, siempre digamos siempre.
'No sé por qué he vuelto, pero sé que ha sido por algo, el destino está moviendo sus hilos, y espero que me tenga reservado algo bueno, aunque el destino, como he dicho antes, es impredecible, y solo él sabe que me está preparando, mientras tanto, toca esperar.'



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